|
Fernando
Rodríguez comenzó sus andaduras por el
flamenco en las cuevas granadinas del Sacromonte bajo
el arropo de numerosos artistas de gran renombre como
Mario Maya, la familia Habichuela, Mariquilla o María
La Canastera.
Antonio Fernández, del barrio granadino del Albaicín,
ha trabajado, entre otros lugares, en el tablao El Cordobés
de Barcelona. Destacar su experiencia en el cante para
bailaores como Juan Andrés Maya o el jerezano
Andrés Peña.
El
espectáculo constó de dos partes. En la
primera, los intervinientes fueron los granadinos Antonio
Fernández y Fernando Rodríguez, comenzando
el primero de estos, como no podía ser menos,
por granaína y media granaina. Prosiguió
Fernando Rodríguez esta vez por malagueñas,
donde el toque de Jorge Gómez fue casi de lo
mejorcito de la noche. Seguidamente, se arrancaron ambos
cantaores por vidalita, un cante de ida y vuelta que
no es muy frecuente en los escenarios. Las voces de
ambos se iban alternando, dos gargantas que contrastaban,
los tonos agudos de Antonio frente a la voz "rajá"
de Fernando.
Los
fandangos de huelva hicieron acto de presencia, resultando
la conjunción de ambos cantaores, en ciertas
fases, un tanto contradictoria. Tras los fandangos,
vino un bloque de solo percusión, que sin desmerecimiento
de la destreza del pecusionista, Chico Fargas, no sabíamos
qué sentido tenía en el espectáculo.
Para finalizar, la soleá. Ambos iban alternando,
de nuevo, sus voces donde aparecieron magníficas
letras como aquella que dice "cuatro puntalitos
que sostienen a triana......". Dos voces agradables
al oido, pero que adolecieron de potencia en sus registros.
Gustó pero no llenó. Obtuvieron solo aplausos.
Comenzó la segunda parte con Pastora Galván
plantada en el escenario y apoyada en una silla para
empezar por tarantos -finalizados por tangos-, arropada
por la garganta de Juan José Amador y la guitarra
de Miguel Iglesias, donde pudimos apreciar las buenas
maneras de esta bailaora "flamenca". El público,
que en la primera parte se había mostrado un
tanto frío, comenzó a despertar. Prosiguió
el espectáculo con el cante del gaditano José
Anillo, que se arrancó por alegrías, de
su tierra. Tras los aires gaditanos, le llegó
el turno de la alboreá con la bailaora vestida
de traje blanco inmaculado. A medida que pasaban los
minutos el ambiente iba in crescendo. Gran ovación
tras este baile bien.
Como
en la primera parte del espectáculo, hubo un
momento para el cajón flamenco a cargo de Joselito
Carrasco, más ameno que el de la primera parte
por su duración y por Juan José Amador.
Tras este inciso, llegó el momento de la seguiriya
donde pudimos apreciar en esta joven bailaora los influjos
de su hermano Israel Galván.
Pastora conjuga los nuevos tiempos del baile de una
forma muy flamenca y el público supo valorar
su quehacer en el escenario con una grandísima
ovación, la mayor de la noche. Para cerrar, fin
de fiesta por bulerías donde José Galván,
padre y maestro de Pastora, encandiló a los allí
presentes demostrando su dominio de este palo flamenco.
ANTERIOR-SIGUIENTE
.
|