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Los
fandangos de huelva hicieron acto de presencia, resultando
la conjunción de ambos cantaores, en ciertas
fases, un tanto contradictoria. Tras los fandangos,
vino un bloque de solo percusión, que sin desmerecimiento
de la destreza del percusionista, Chico Fargas, no sabíamos
qué sentido tenía en el espectáculo.
Para finalizar, la soleá. Ambos iban alternando,
de nuevo, sus voces donde aparecieron magníficas
letras como aquella que dice "cuatro puntalitos
que sostienen a triana...".
Dos voces agradables al oído, pero que adolecieron
de potencia en sus registros. Gustó pero no llenó.
Obtuvieron sólo aplausos.
Comenzó
la segunda parte con Pastora Galván plantada
en el escenario y apoyada en una silla para empezar
por tarantos- finalizados por tangos-. arropada por
la graganta de Juan José Amador y la guitarra
de Miguel Iglesias, donde pudimos apreciar las buenas
maneras de esta bailaora "flamenca". El público,
que en la primera parte se había mostrado un
tanto frio, comenzó a despertar. Prosiguió
el espectáculo con el cante del gaditano José
Anillo, que se arrancó por alegrías, de
su tierra. Tras los aires gaditanos, le llegó
el turno de la alboreá con la bailaora vestida
de traje blanco inmaculado. A medida que pasaban los
minuto el ambiente iba in crescendo. Gran ovación
tras este baile bien.
Como
en la primera parte del espectáculo, hubo un
momento para el cajón flamenco a cargo de Joselito
Carrasco, más ameno que el de la primera parte
por su duración y por Juan José Amador.
Tras este inciso, llegó el momento de la seguiriya
donde pudimos apreciar en esta joven bailaora los influjos
de su hermano Israel Galván.
Pastora
conjuga los nuevos toempos del baile de una forma muy
flamenca y el público supo valorar su quhacer
en el escenario con una grabdísima ovación,
la mayor de la noche.
Para
cerrar, fin de fiesta por bulerías donde José
Galván, padre y maestro de Pastora, encandiló
a los allí presentes demostrando su dominio de
este palo flamenco.
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