EN CÓRDOBA Y SIN PADRINOS
FERNANDO GONZÁLEZ-CABALLOS

Se acabó. El Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba cerró la noche del sábado la primera edición de este siglo. Atrás quedaron las alegrías y sinsabores de todos y cada uno de los concursantes que por allí pasaron.
La gala de ganadores con la que se pone el punto y final a los concursos suele ser un acto ceremonial de reconocimiento a todos aquellos que recibieron un premio. No importan los méritos. Lo importante es salir en la foto, al menos para unos cuantos.
El Gran Teatro se llenó hasta la bandera para ver si la radiografía del momento actual por el que atraviesa el flamenco se correspondía con la realidad. Desde Manolo Sanlúcar hasta Fosforito, pasando por Juan Carmona Habichuela, Blanca del Rey, Pilar López, Mario Maya, El Güito o Vicente Amigo, todos habían venido a ver actuar a quienes habrán de entrar a formar parte, desde hoy mismo, del selecto grupo de elegidos en el que ellos se encuentran.
Quisiera antes de nada, destacar el silencioso trabajo realizado durante todo el concurso por los artistas oficiales. Juan Reina, Quique Paredes, Antonio Saavedra, Nieves Camacho, Alberto Lucena, Finito y el Pipa -auténticos currantes del concurso- por lo que abrir la gala por alegrías supuso un bonito reconocimiento a su labor.
Un chaval con gafas y pinta de despistado aparece en escena con una guitarra. Le sudan las manos y se le ve nervioso, porque sabe que lo difícil empieza ahora. Igualarse a Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar, Vicente Amigo... no es cualquier cosa. Así que, ¡ánimo Rubén!. El cantaor chiclanero -Antonio Reyes- volvió a encandilar al público con sus cantes por seguiriyas, tonás, bulerías y soleares, demostrando con su bonita voz natural que no es necesario imitar a Camarón para ponerle al respetable los vellos como bastones con cantes de Juan Talega, Tio José de Paula o Frijones.
En el baile brillaron Pastora Galván
, Edu Lozano, Mercedes Ruíz, e Hiniesta Cortés. Y en el toque de acompañamiento, Antonio Soto demostró tener un pulgar y un compás admirables.
Los dudosos méritos de quienes obtuvieron algunos de los restantes premios -sin haber demostrado estar a la altura de las circunstancias- gracias al favor de un jurado fuertemente condicionado, nos impiden poder hablar de una radiografía objetiva de la situación. Y es que, como dice el sabio refranero español: "En Córdoba, el que no tiene padrino, no se bautiza".


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