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El artista que surgió de atrás El público en general no tiene una idea clara de la profundidad y la carga de vitalidad que fermenta en el baile un cuadro de lujo. En ese orden estético todo es problemático. Sentir la fruición de las palmas y jaleos o deleitarse en los pasajes y cortes de los esquemas musicales, es garantizar la obra bien hecha, mas para ponerse ante las puertas de la gloria, hay que dejarse alcanzar por el dardo sensitivo del cantaor de atras, una labor que, por harto compleja y difícil de asumir, acaso sea la que exige mayor denuedo y atrae más riesgos de todas las facetas del flamenco. Hacer que todo entre en cordura y armonía a fin de dar estabilidad y coherencia al hecho dancístico, es, entre otros muchos, el mérito innegable que ha mostrado David Lagos a lo largo de la XI Bienal de Flamenco, por lo que sería injusto regalarle a su ardua y seductora labor la medida y el equilibrio que se merecen. "Llegué dispuesto a darme a conocer en la Bienal y creo que lo he logrado, el papel de los de atrás siempre queda en un segundo plano y rara vez se resalta, pero había que aprovechar la oportunidad. Sé que estoy en un gran momento, estoy superando mi nivel de conocimientos y si en él encuentro la inspiración, sólo quedaba buscarla consagración en festival más importante del mundo..." manifiesta David Lagos. |
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En efecto, el cantaor jerezano a sus 27 años. no eludió nunca los peligros y los enojos de tal oficio, y por eso nos complace mostrar nuestra simpatía, estimación y admiración por su gesta, placer estético que hemos podido disfrutar hasta en seis ocasiones, seis espectáculos en los que no tuvimos mas remedio que volcar nuestra emotividad ante tanta grandeza cantaora: Medea, de Pilar Távora; Trilogía, con Rafael Campallo, Andrés Marín y El Torombo; Baile de hierro, baile de bronce, de Javier Barón; Así baila Sevilla, de Manuela Carrasco; Colores, de Rafael de Carmen, o su presencia en la final de Concurso de Jóvenes, cantando- a su paisano El Bolita, fueron las oportunidades aprovechadas para que David Lagos sorprendiera a propios y extraños, confirmara su valía y ampliara de este modo el cauce del sistema estético de la Bienal. «Cada espectáculo -comenta Lagos- presentaba características, distintas, y situarse ante eso no sólo exi-ge del cantaor una gran for mación, sino que en todos había que echar el resto». En efecto, porque sus cantes aparecieron como salidos del fondo de un mar misterioso y profundo, cantes que, aunque hechos de un cuerpo transparente y sólido, parecían cubiertos de un caparazón cristalino que daba un mayor sentido a la acción escénica. Este es David Lagos, del jerezano barrio de la Plazuela, donde nació el año 1973. Está casado con Melchora Ortega, la cantaora que ganó en la Bienal de 1998, y ha cantado para bailar en las academias, para después marcharse al extranjero y adquirir las tablas suficientes para este oficio», hasta recalar en 1997 en la compañía de Cristina Hoyos, «a la que le debo mucho, ya que es la que ha marcado un antes y un después en mi carrera». El jerezano fue la sorpresa de la Bienal de Flamenco celebrada el mes pasado en Sevila, definiendo una actitud flamenca llena de sentido y perfección
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